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Residentes y comerciantes de La Guázara, en Samaná, denuncian prolongados apagones y un alza constante en las facturas eléctricas

La indignación crece entre los residentes y comerciantes de la comunidad La Guázara, en la zona de Rancho Español del municipio Santa Bárbara de Samaná, quienes aseguran estar viviendo una de las peores crisis eléctricas de los últimos años. Los apagones diarios, sumados a un incremento continuo en las facturas de electricidad, han colocado a la población en una situación que describen como “insostenible” y “abusiva”.

La indignación crece entre los residentes y comerciantes de la comunidad La Guázara, en la zona de Rancho Español del municipio Santa Bárbara de Samaná, quienes aseguran estar viviendo una de las peores crisis eléctricas de los últimos años. Los apagones diarios, sumados a un incremento continuo en las facturas de electricidad, han colocado a la población en una situación que describen como “insostenible” y “abusiva”.

Apagones sin aviso y daños constantes

De acuerdo con los testimonios recogidos, las interrupciones del servicio ocurren varias veces al día y, en ocasiones, por períodos prolongados que pueden superar las cinco horas. Estas fallas, denuncian los comunitarios, no solo afectan la cotidianidad, sino que han provocado pérdidas económicas significativas.

Comerciantes de colmados, salones de belleza, talleres y pequeños restaurantes aseguran que han tenido que desechar productos perecederos por falta de refrigeración, invertir en plantas eléctricas o reducir horarios de operación para minimizar pérdidas.

“Uno no sabe a qué hora se va ni a qué hora llega la luz. A veces estamos atendiendo un cliente y de repente todo se apaga. Y para colmo, la factura sube cada mes”, afirmó José Mejía, propietario de un pequeño colmado que dice haber perdido ya tres neveras por los picos de voltaje.

“Nos están cobrando como si tuviéramos luz 24 horas, pero aquí la energía se va a cada rato. No aguantamos más”, agregó una comerciante de la zona que prefirió mantener su nombre en reserva.

Los residentes coinciden en que esta situación no es nueva, pero sí aseguran que se ha intensificado en los últimos meses. La comunidad señala que, aunque han realizado múltiples reportes a la distribuidora correspondiente y a autoridades locales, las soluciones ofrecidas han sido temporales o inexistentes.

Algunos habitantes afirman que la infraestructura eléctrica de la zona presenta fallas desde hace años, pero que no se han realizado las inversiones necesarias para modernizar el sistema o garantizar un suministro estable.

Economía local bajo presión

La Guázara es una comunidad donde la economía depende principalmente del comercio informal, pequeños negocios familiares y actividades vinculadas al turismo de la provincia. Cada apagón representa una pérdida directa.

Los establecimientos que necesitan energía continua, como panaderías, carnicerías y talleres, han visto incrementarse sus costos operativos al tener que recurrir a generadores o inversores. Sin embargo, no todos pueden costear esos equipos.

“Trabajamos para pagar la luz, pero ni siquiera recibimos el servicio que estamos pagando. Hay días que cerramos temprano porque no podemos operar sin electricidad”, dijo una dueña de salón de belleza del sector.

Llamado urgente a las autoridades

Frente a este panorama, los comunitarios están exigiendo una intervención inmediata por parte de la empresa distribuidora de electricidad y de las autoridades municipales y provinciales. Piden que se realice una revisión profunda de la red eléctrica, un ajuste justo en las facturas y un plan de solución a largo plazo.

Representantes de juntas de vecinos y comerciantes advierten que, si no reciben respuesta en los próximos días, organizarán manifestaciones pacíficas para exigir respeto a sus derechos y mejoras en un servicio básico que afecta directamente su calidad de vida.

Temor a que la situación empeore en temporada alta

Con la proximidad de la temporada turística, algunos residentes temen que la situación pueda impactar negativamente la imagen de Samaná. La zona depende del turismo nacional e internacional, y las fallas eléctricas podrían afectar negocios de alojamiento, servicios y gastronomía en comunidades cercanas.

“Esto no solo nos afecta a nosotros, también afecta a quienes vienen a conocer la provincia. Si no mejoran el servicio, todos perderemos”, sostuvo un operador turístico de La Guázara.

A pesar de la frustración, los residentes expresan un deseo común: que se les escuche y se les ofrezca una solución real. La comunidad ha comenzado a organizar reuniones, recopilar firmas y coordinar acciones conjuntas para evidenciar la magnitud del problema.

Mientras tanto, la incertidumbre permanece y las familias continúan buscando maneras de adaptarse a un servicio eléctrico que, aseguran, es cada vez más caro y menos confiable.

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